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Hablar de perfumería también es hablar de la relación entre el ser humano, las materias aromáticas y el entorno. Durante años, la conversación sobre sostenibilidad en cosmética se centró sobre todo en el envase, los plásticos o los ingredientes más visibles para el consumidor. Pero hubo un hallazgo que obligó a mirar con más atención otra parte esencial de la fórmula: las fragancias. En particular, varios estudios detectaron almizcles sintéticos usados en perfumes, cosméticos y otros productos perfumados en sedimentos y peces de los Grandes Lagos de Norteamérica.[1][2]
Aquello fue importante porque rompió una idea muy extendida: que el impacto ambiental de una fragancia termina prácticamente en el momento del uso. En realidad, muchos compuestos aromáticos continúan su recorrido tras el baño, la ducha o la limpieza del hogar. Pasan al desagüe, llegan a la estación depuradora y, si no se eliminan por completo, pueden acabar en ríos, lagos, sedimentos y organismos acuáticos.[3][4]
El caso de los Grandes Lagos sigue siendo muy útil hoy porque resume varias lecciones que cualquier profesional de cosmética, perfumería, formulación o sostenibilidad debería conocer: persistencia, emisiones “down-the-drain”, eliminación incompleta en depuración, presencia en biota y la necesidad de evaluar con seriedad el destino ambiental de los ingredientes de uso cotidiano.[1][3][4]
Para quienes entienden la perfumería no solo como técnica, sino también como cultura del respeto hacia las materias primas y el medio natural, este episodio ofrece una reflexión valiosa: el perfume no es solo una experiencia sensorial. También tiene una historia ambiental.
El hallazgo en los Grandes Lagos que cambió la conversación
En 2006, un estudio muy citado analizó testigos de sedimento de Lake Erie y Lake Ontario en busca de fragancias sintéticas tipo musk. Los investigadores identificaron varios almizcles policíclicos, entre ellos HHCB (Galaxolide) y AHTN (Tonalide), además de otros compuestos de la misma familia y algunos nitroalmizques.[1]
Lo relevante no fue solo su presencia, sino la magnitud y la tendencia. El estudio estimó una carga acumulada aproximada de 1.900 kg en Lake Erie y 18.000 kg en Lake Ontario, y concluyó que la entrada de estos compuestos estaba aumentando con el tiempo. También señaló a las estaciones depuradoras de aguas residuales como una fuente principal de entrada al sistema lacustre.[1]
Desde un punto de vista divulgativo, este hallazgo fue muy poderoso porque los sedimentos funcionan como un archivo químico. No mostraban un accidente puntual, sino la huella de un uso cotidiano, repetido y extendido en el tiempo. Era la prueba de que una sustancia empleada para perfumar podía convertirse en un contaminante ambiental detectable a escala regional.[1][4]
Y eso tiene una lectura muy actual: en sostenibilidad, muchas veces el problema no nace de un gran vertido espectacular, sino de millones de pequeñas liberaciones diarias asociadas a productos de consumo aparentemente inocuos.
Del sedimento al pez: cuando una fragancia entra en la cadena trófica
Poco después, otro estudio analizó peces de áreas urbanizadas de los Lower Great Lakes y encontró almizques policíclicos en tejidos, especialmente en zonas muy influenciadas por actividad humana, como Hamilton Harbour. Los compuestos predominantes fueron HHCB y AHTN, y se observó un máximo de 945 ng/g en peso húmedo en una muestra de perca amarilla.[2]
Este punto es importante porque confirma que la historia no acababa en el sedimento. Las moléculas estaban disponibles para ser incorporadas por organismos acuáticos. Eso no significa automáticamente un mismo riesgo en todos los ecosistemas ni una biomagnificación extrema en todos los niveles tróficos, pero sí demuestra algo fundamental: la sustancia persiste lo suficiente y circula lo suficiente como para entrar en la biota.[2][4]
Ese fue uno de los motivos por los que las fragancias sintéticas pasaron a encajar de lleno dentro del debate sobre contaminantes emergentes. Dejaron de verse solo como ingredientes funcionales del olor y empezaron a analizarse también por su destino ambiental, su persistencia y su posible comportamiento en diferentes compartimentos del ecosistema.[4]
Para quienes trabajan con materias aromáticas desde una mirada más consciente, este punto resulta especialmente revelador: lo que aplicamos sobre la piel, el cabello o el cuerpo no desaparece sin más. En muchos casos, continúa un recorrido silencioso que también merece ser comprendido.
Cómo llegan del perfume al lago: la ruta “down-the-drain”
La ruta ambiental de estas sustancias es bastante directa: una fragancia se aplica en casa, parte de sus componentes se van con el agua de lavado, entran en el alcantarillado, pasan por la depuradora y, si no se eliminan completamente, una fracción termina en el efluente o en los lodos. Desde ahí, el camino continúa hacia ríos, lagos, sedimentos o incluso suelos, si los biosólidos se gestionan de determinadas maneras.[1][3][4]
Estudios posteriores han seguido observando este patrón. En una investigación sobre depuradoras y el río Han, en Corea, se detectaron HHCB, AHTN y musk ketone tanto en plantas de tratamiento como en el río receptor, y se observaron eliminaciones medias parciales, no completas. Además, las concentraciones aumentaban aguas abajo de los puntos de descarga, reforzando el papel de las depuradoras como fuente relevante.[3]
La lección aquí es clara: las EDAR son esenciales y reducen mucha carga contaminante, pero no son un “borrado químico” perfecto. Cuando una sustancia se usa de forma masiva y continuada, incluso una eliminación parcial puede no ser suficiente para impedir su presencia en el medio ambiente.[3][4]
En términos sencillos, esto nos recuerda algo fundamental: formular no consiste solo en pensar en el producto tal como nace, sino también en lo que ocurre con él cuando abandona las manos del consumidor y entra en el ciclo del agua.
Qué significa realmente que “no se biodegradan”
En divulgación suele decirse que estos compuestos “no se biodegradan”, pero conviene afinar. Lo más correcto es hablar de degradación lenta o incompleta y de persistencia suficiente para que puedan detectarse en el medio ambiente durante largos periodos.[4]
Además, algunos almizcles sintéticos son lipofílicos y muestran afinidad por materia orgánica y tejidos biológicos, lo que favorece su presencia en sedimentos y organismos. Revisiones recientes también subrayan que los productos de degradación o transformación de algunos almizcles pueden llegar a ser más persistentes o más ecotóxicos que la molécula de partida, lo que añade complejidad al análisis.[4]
Desde el punto de vista formativo, esta es una idea clave: biodegradabilidad, persistencia, adsorción, partición y bioacumulación no son conceptos abstractos de laboratorio. Son variables que determinan si un ingrediente puede seguir dejando huella mucho después de que el consumidor haya terminado de usar el producto.
Comprender esto no solo mejora la formación técnica. También ayuda a cultivar una visión más completa de la perfumería, una visión en la que aroma, formulación y responsabilidad ambiental forman parte de una misma conversación.
No es solo un problema del pasado: el mapa químico sigue evolucionando
Aunque el caso de los Grandes Lagos se hizo especialmente conocido por HHCB y AHTN, la investigación más reciente deja claro que el panorama de los almizcles sintéticos es más amplio. Una revisión publicada en 2024 repasa cuatro grandes categorías —nitro, policíclicos, macrocíclicos y alicíclicos— y confirma su presencia en agua, sedimentos, aire y otros compartimentos ambientales.[4]
Además, estudios actuales en torno a depuradoras muestran que compuestos como OTNE (Iso E Super), junto con HHCB y AHTN, siguen apareciendo de forma destacada en aire y aguas residuales alrededor de WWTPs. Esto demuestra que el tema no está cerrado y que el reto ya no es solo retirar determinadas moléculas históricas, sino vigilar también los sustitutos y sus patrones reales de emisión.[5]
En otras palabras, sustituir una fragancia “problemática” por otra diferente no garantiza por sí mismo una mejora ambiental. Hace falta mirar el ciclo de vida completo, el método de producción, la persistencia, la eliminación en depuración y el comportamiento en el entorno.
Por eso, el debate sobre sostenibilidad en perfumería no debería quedarse en etiquetas simples, sino avanzar hacia una comprensión más profunda de los ingredientes, sus trayectorias y sus efectos reales.
Qué puede aprender el sector cosmético y de perfumería
1. El destino ambiental debe considerarse desde el diseño
No basta con pensar en la estabilidad olfativa o el coste del ingrediente. También hay que anticipar su comportamiento tras el uso: emisiones al agua, degradación, persistencia y destino en depuración.[3][4]
2. La sostenibilidad real va más allá de la fórmula visible
El impacto ambiental de un cosmético no depende solo del envase o de los ingredientes más conocidos. También importa lo que ocurre con los compuestos perfumantes una vez que el producto entra en el ciclo del agua.
3. La depuración importa, pero no lo resuelve todo
Las EDAR son una barrera clave, pero no eliminan por completo todos los compuestos aromáticos. Eso obliga a pensar en prevención desde la formulación y no solo en tratamiento al final de la tubería.[3][5]
4. Los contaminantes emergentes exigen una mirada más amplia
Este caso demuestra que ingredientes de uso cotidiano pueden comportarse como contaminantes emergentes si su uso es masivo, su eliminación incompleta y su persistencia suficiente para llegar a sedimentos y biota.[1][2][4]
5. La formación técnica es una ventaja competitiva
Comprender estas dinámicas permite anticipar mejor la evolución regulatoria, mejorar la selección de ingredientes y desarrollar una perfumería más coherente con las exigencias actuales de sostenibilidad y responsabilidad ambiental.
Conclusión
El caso de los Grandes Lagos nos enseñó que una fragancia no termina cuando se evapora o cuando se va por el desagüe. Algunos compuestos sintéticos usados de forma masiva pudieron llegar a sedimentos y peces, dejando claro que el diseño de ingredientes perfumantes también es una cuestión de química ambiental.[1][2][4]
Más de una década después, la lección sigue vigente. La investigación continúa mostrando que el destino ambiental de las fragancias merece atención, especialmente cuando se trata de sustancias persistentes, de uso extendido y con eliminación incompleta en depuración.[4][5]
En definitiva, la sostenibilidad en perfumería también se juega aguas abajo: en lo que ocurre con cada ingrediente después del uso, en su paso por las depuradoras y en su capacidad de dejar o no una huella duradera en el medio ambiente.
Para una perfumería más consciente, más respetuosa y más conectada con la naturaleza, esta reflexión no es accesoria: forma parte del corazón mismo del oficio.
Preguntas frecuentes
¿Qué son los almizcles sintéticos?
Son compuestos aromáticos sintéticos usados para aportar notas olfativas duraderas en perfumes, cosméticos, productos capilares, detergentes y otros artículos perfumados.
¿Por qué aparecieron en los Grandes Lagos?
Porque su uso masivo generó emisiones continuas a través del agua residual doméstica. Una parte no se eliminó completamente en depuración y terminó llegando a las aguas receptoras y a los sedimentos.
¿Se puede decir que no son biodegradables?
En divulgación suele decirse así, pero técnicamente es más preciso hablar de degradación lenta o incompleta y de persistencia suficiente para que se detecten en el medio ambiente.
¿Qué debería hacer hoy el sector cosmético con esta información?
Integrar criterios de persistencia, biodegradabilidad, comportamiento en depuración y destino ambiental en la selección y evaluación de ingredientes perfumantes.
Fuentes consultadas
- Peck AM, Linebaugh EK, Hornbuckle KC. Synthetic musk fragrances in Lake Erie and Lake Ontario sediment cores. Environmental Science & Technology. 2006;40(18):5629-5635. doi:10.1021/es060134y.
- O’Toole S, Metcalfe CD. Synthetic Musks in Fish from Urbanized Areas of the Lower Great Lakes, Canada. Journal of Great Lakes Research. 2006;32(2):361-369. doi:10.3394/0380-1330(2006)32[361:SMIFFU]2.0.CO;2.
- Hong J-H, Lee J-Y, Ha H-J, et al. Occurrence and Sources of Synthetic Musk Fragrances in the Sewage Treatment Plants and the Han River, Korea. Water. 2021;13(4):392. doi:10.3390/w13040392.
- Li J, Wang C, He Y, et al. Synthetic musks in the natural environment: Sources, occurrence, concentration, and fate—A review of recent developments (2010–2023). Science of the Total Environment. 2024;950:175192.
- Li WL, Mele M, Alaee M, et al. Assessing Contributions of Synthetic Musk Compounds from Wastewater Treatment Plants to Atmospheric and Aquatic Environments. ACS ES&T Water. 2024.
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