
Por qué «sin conservantes» es, casi siempre, una frase que debería hacerte dudar
Es habitual ver cosmética natural etiquetada como «sin conservantes» o «conservada de forma 100% natural», como si fuera un valor añadido evidente. Pero antes de valorarlo como algo positivo, conviene entender qué significa realmente esa frase —y, en algunos casos, descubrir que esconde justo lo contrario de lo que promete.
Por qué cualquier fórmula con agua necesita conservación
Esto es química básica, no opinión: el agua es el medio de cultivo perfecto para bacterias, mohos y levaduras. Cualquier cosmético que contenga una fase acuosa —agua, hidrolatos, zumos, infusiones, geles— es susceptible de contaminarse microbiológicamente si no se protege de alguna forma. No es una cuestión de «confiar en que no pasará nada»: sin protección adecuada, un producto con agua puede desarrollar microorganismos en cuestión de días, incluso aunque tenga un aspecto y olor perfectamente normales.
Esto no significa que todo cosmético necesite un conservante clásico: los productos anhidros (sin fase acuosa, como un bálsamo o un aceite corporal) no la necesitan, aunque sí requieren protección frente a otro problema distinto: el enranciamiento de las grasas, que se controla con antioxidantes, no con conservantes.
El mito del extracto de semilla de pomelo
Aquí está uno de los casos más llamativos de todo el sector, y conviene conocerlo bien. El extracto de semilla de pomelo (conocido también como GSE, por sus siglas en inglés) se ha promocionado durante décadas como un potente conservante natural de amplio espectro. El problema es que varios estudios científicos independientes, publicados a lo largo de casi dos décadas, han encontrado sistemáticamente que los extractos comerciales de semilla de pomelo con actividad antimicrobiana real contenían conservantes sintéticos no declarados —principalmente cloruro de benzetonio, y en análisis más antiguos también triclosán o metilparabeno—.
Un estudio de 1999 (von Woedtke et al.) analizó varios productos comerciales de GSE y encontró cloruro de benzetonio en todos ellos. Un análisis posterior, publicado en el Journal of Agricultural and Food Chemistry, confirmó de nuevo la presencia de este mismo compuesto sintético, llegando a representar más del 8% del extracto líquido analizado. Y lo más revelador: cuando los investigadores prepararon su propio extracto de semilla de pomelo genuino, sin ningún aditivo, no mostró ninguna actividad antimicrobiana significativa.
La conclusión de varios de estos estudios es contundente: la eficacia antimicrobiana que se ha venido atribuyendo al extracto de semilla de pomelo parece deberse, en la inmensa mayoría de los casos analizados, a la presencia de conservantes sintéticos no declarados en la etiqueta, y no a ninguna propiedad intrínseca del extracto de la semilla en sí. Es decir: un producto que se anuncia «sin conservantes sintéticos» gracias a este ingrediente puede, irónicamente, contener uno sin que el fabricante —o el consumidor— lo sepa.
Entonces, ¿existen conservantes realmente naturales que funcionen?
Sí, pero con matices importantes. Sustancias como el ácido sórbico o el ácido benzoico tienen origen natural (el primero se aisló originalmente de las bayas del serbal; el segundo, de la resina de benjuí), y están recogidas en el listado positivo de conservantes autorizados en cosmética de la Unión Europea (Anexo V del Reglamento 1223/2009). Sin embargo, hoy en día suelen producirse de forma sintética por razones de pureza, estabilidad y coste, aunque la molécula en sí sea idéntica a la de origen vegetal. Aquí aparece de nuevo un matiz que ya vimos al hablar del sello BIO: el origen de una molécula y su naturalidad química no son necesariamente lo mismo que su método de producción actual.
Otros conservantes de origen vegetal, como ciertos extractos con actividad antimicrobiana demostrada, pueden aportar cierta protección, pero raramente son suficientes por sí solos para lograr un sistema conservante de amplio espectro (bacterias, mohos y levaduras) a concentraciones cosméticamente aceptables, sin causar irritación.
La única forma real de saberlo: el test de eficacia conservante
Con conservante «natural» o convencional, hay un único modo fiable de confirmar que una fórmula está realmente protegida: el test de eficacia conservante o challenge test (según la normativa ISO 11930), que consiste en inocular el producto con distintos microorganismos y comprobar, durante varias semanas, si el sistema conservante es capaz de controlarlos. No basta con incluir un ingrediente «que se supone que conserva»: hay que comprobarlo empíricamente en la fórmula final, porque la eficacia depende también del pH, la fase acuosa concreta y el resto de ingredientes.
Conclusión
«Sin conservantes» no siempre significa lo que promete, y en algunos casos —como el del extracto de semilla de pomelo— puede significar justo lo contrario de lo que el etiquetado sugiere. La cosmética natural seria no es la que evita cualquier palabra que suene a «químico», sino la que entiende de verdad qué necesita cada fórmula para ser segura y estable, y lo verifica en lugar de darlo por supuesto.
Precisamente este tipo de criterio —saber exactamente qué conservante necesitas, por qué ese y no otro, y cuánto va a aguantar tu fórmula antes de fallar— es una de las competencias que se trabajan en profundidad en nuestros programas de formación en cosmética natural, donde no nos limitamos a repetir fórmulas de manual, sino a entender la química que hay detrás de cada decisión.
Referencias bibliográficas
- Sakamoto, S. et al. (1996). Studies on antimicrobial activity of grapefruit seed extracts. Journal of the Food Hygienic Society of Japan.
- von Woedtke, T. et al. (1999). Aspects of the antimicrobial efficacy of grapefruit seed extract and its relation to preservative substances contained. Pharmazie.
- Takeoka, G. R. et al. (2001). Identification of benzethonium chloride in commercial grapefruit seed extracts. Journal of Agricultural and Food Chemistry, 49(8).
- Reglamento (CE) nº 1223/2009 del Parlamento Europeo y del Consejo, sobre productos cosméticos (Anexo V: lista de conservantes autorizados).
- Norma ISO 11930:2019 — Cosméticos. Protección microbiológica. Evaluación de la protección antimicrobiana de un producto cosmético.
Artículos Relacionados

