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Psicoaromaterapia en la Cabina Estética

Psicoaromaterapia en la Cabina Estética

Psicoaromaterapia en la Cabina Estética

La esteticista es mucho más que una simple profesional que aplica tratamientos de belleza.

Es asesora, consejera, terapeuta, orientadora y su función va mucho más allá de todos estos papeles (como cualquier persona que esté introducida en el sector sabe). Porque la esencia de la estética está en que la persona que entra en la cabina cuando salga se sienta mejor en todos los sentidos: físicamente y emocionalmente también, sentirse más bella tiene que ver con eso.

Cuando nos vemos más guapas externamente, nos sentimos mucho mejor. Pero cuando emocionalmente alguien nos consuela, ayuda o empuja para salir del mal momento que estamos pasando, eso no tiene precio, y marca la diferencia entre una “técnica en estética” que aplica tratamientos de forma mecánica y una “profesional de la estética” que entiende y disfruta con su trabajo de ayudar a sus clientas haciéndoles la vida más llevadera gracias a sus técnicas, consejos y buen hacer.

De tal manera que muchas esteticistas acaban dominando algún tipo de terapia que complemente ese trabajo humanitario de ayudar a sus clientas para que sean más felices.

La Aromaterapia es y ha sido durante muchos años una gran incomprendida en este país.

Y las esteticistas, que fueron las primeras en aplicarla en los años 80 del siglo pasado, muy mal tratadas por quienes deberían haberlas preparado para aprender a sacarle todo su rendimiento. No obstante, y gracias a la intuición y sabiduría innata que suelen caracterizar a las mujeres, y por extensión a estas profesionales, las esteticistas suelen aplicar con buenos resultados los aceites esenciales en tratamientos de todo tipo.

Como “agua pasada no mueve molinos”, olvidemos lo que se ha hecho mal hasta el presente y centrémonos en las posibilidades extraordinarias que la Aromaterapia tiene cuando es bien conocida y aplicada.

¿Qué entendemos por Aromaterapia?

Según la definición de la Sociedad Europea de Aromatología, Aromaterapia es: “Terapia natural basada en el uso de aceites esenciales, esencias vegetales, hidrolatos, aceites vegetales, absolutos y extractos al CO2 totalmente naturales y que no han sufrido ningún tipo de manipulación, rectificación, adulteración ni dilución previa al uso profesional. Dichos extractos han de ser auténticos (es decir puros y provenientes de la planta que les da su nombre, identificada por su nombre botánico oficial y su bioespecificidad bioquímica si procede -quimiotipo-). La Aromaterapia busca el restablecimiento del equilibrio perdido (físico, mental, emocional, espiritual) y el bienestar de las personas que la practican. Generalmente se aplica por vía externa y requiere de una formación profesional mínima de 200 horas siguiendo los estándares formativos de la Asociación”.

Lo más importante para la buena práctica de la Aromaterapia es la calidad de los aceites esenciales empleados (que sean auténticos, puros) y la buena formación del profesional que la aplica. Con esos dos factores de máxima calidad, se empiezan a producir los “milagros” que estas maravillas vegetales nos dan.

¿Qué es la Psicoaromaterapia?

Dentro de la Aromaterapia, existe un campo más especializado: la Psicoaromaterapia. ¿En qué consiste? Pues en el estudio y aplicación de los aceites esenciales y sus propiedades beneficiosas para los seres humanos a nivel emocional, psicológico y espiritual. La “psique” en griego significaba “alma humana” y hacía referencia a la fuerza vital del individuo, que junto con el cuerpo físico, lo dotaba de vida y movimiento y se separaba del mismo tras la muerte. En la actualidad, el término hace referencia a todos los procesos y fenómenos que hacen la mente humana como una unidad.

Como siempre digo, los antiguos no tenían un pelo de tontos. Es el “alma”, es la “esencia”, lo que trabajamos y tocamos con los aceites esenciales (que son el alma de las plantas, sus esencias) cuando los aplicamos con una intención determinada, en este caso, ayudar a procesos emocionales y psicológicos.

Muy importante:

Los aceites esenciales no son medicamentos. Es muy fácil hacer cuadros y clasificaciones, siguiendo las patologías y la visión de la medicina actual, que no suelen encajar en la mayor parte de casos, porque repito, estamos tratando con “almas” no con enfermedades.

A la cabina de estética se presenta un ser humano, con una situación, con un proceso personal, que se puede manifestar de diferentes maneras: preocupación, estrés, tristeza, depresión, apatía… Es muy diferente a considerar “el aceite esencial para la depresión”, “el aceite esencial para el estrés”, etc.

Eso no funciona porque cada persona es diferente y tiene diferente conexión con la naturaleza de cada aceite esencial (la naturaleza de cada aceite esencial tiene una parte físico-química, otra energética y otra informacional).

El olfato como componente clave de la construcción de la personalidad y el psiquismo.

Los descubrimientos científicos demuestran que los bebés comienzan a tener sensaciones olfativas alrededor de la trigésima semana de embarazo, vehiculadas por el líquido amniótico ¿Tal vez en el futuro se pueda demostrar que sea antes de esa fecha? En cualquier caso, todo el ambiente aromático que rodea a su madre y que tiene que ver con lo que le gusta y no le gusta, es recibido por el bebé, registrado y formará parte de su universo olfativo posterior, con aromas agradables y desagradables personales, que en otros seres humanos, serán completamente distintos: lo que a uno agrada a otro repugna y viceversa. También se sabe que los bebés reconocen a su madre por el olfato. Es pues un sentido de una importancia y trascendencia que estamos empezando a reconocer muy recientemente y del que todavía ignoramos muchísimas cosas.

Aunque estamos en una sociedad con una enorme cantidad de prejuicios en cuanto al olor corporal de cada persona (digamos “aroma personal” más concretamente, que en las sociedades occidentales modernas no es apropiado ni admisible) cuestión que tiene que ver con una visión del mundo de la época victoriana en la que el olfato era considerado como un sentido “menor”, “inferior” y propio de seres humanos “incivilizados”, “salvajes” y “razas inferiores”, (ya que el ser humano natural usa y disfruta de este sentido, además de tenerlo mucho más desarrollado que el ser humano urbano), descontextualizando el tema, realmente cada persona tiene un aroma que su cuerpo exhala y que es único e irrepetible, digamos que sería su “esencia personal”.

Intentemos hacer un ejercicio de reflexión sobre este punto y veremos que de no ser condicionados desde niños, los olores corporales y otros no son ni agradables ni desagradables, depende de lo que nos enseñen sobre ellos. Como se demuestra hoy en día en culturas diferentes, para las cuales nuestros aromas son nauseabundos y viceversa.

Para ver esta realidad en un ejemplo práctico, simplemente imaginemos a aquella persona que conocemos y que desprende un olor tan intenso y desagradable para su entorno, y cómo se le trata (laboral y personalmente) ¿Podríamos decir que una cuestión “tan poco importante” como el olor, puede hacer que la vida de una persona cambie drástica y dramáticamente? La respuesta es: SI.

Muy bien, me gusta siempre poner ejemplos extremos “en negativo” porque nos resulta más fácil recordar y visualizar las sensaciones que nos producen los olores muy desagradables que los olores agradables, pero en Psicoaromaterapia y en Aromaterapia en general no trabajamos con olores desagradables, sino todo lo contrario. A los olores agradables les llamamos “aromas” y buscamos como los aromas agradables del mundo vegetal nos ayudan a vivir mejor. Los desagradables también son útiles: el olor de la comida en descomposición puede evitarme una intoxicación, el olor de ciertos productos químicos, un envenenamiento o la asfixia, etc.

¿Qué pasa cuando un “aroma” (agradable) para alguien resulta desagradable? Según mi experiencia, este tipo de situaciones responde a conflictos y traumas inconscientes. No lo recuerdo conscientemente pero en mi memoria está registrado absolutamente todo lo que he vivido, y eso se activa de forma inmediata en cuanto en mi campo energético y mi cerebro, el aroma (vibración-energía-información) conecta con el recuerdo correspondiente por afinidad (información-energía-vibración), produciéndose una respuesta inmediata de rechazo como protección (inconsciente) ante un recuerdo y emoción que no he podido digerir o asimilar y que me hace daño.

La Psicoaromaterapia, tal y como la practicamos, sirve entonces también para conectar con asuntos pendientes ligados a recuerdos-aroma, que con el adecuado trabajo de seguimiento psicoterapéutico, pueden resolverse de un modo más sencillo y menos traumático que con ciertas técnicas catárticas.

El olfato como elemento en la espiritualidad y trascendencia humanas.

Para mí, hay algo mágico en los aceites esenciales en varios sentidos, pero uno de los que más me llama la atención es la facilidad con que ayudan a “elevarse” y a conectar con una visión superior de las cosas. No es gratuito que todas las culturas, desde el origen de los tiempos, hayan empleado los aromas de ciertas plantas en los rituales y ceremonias espirituales y religiosas. No me cansaré de repetir que, desde mi punto de vista, los antiguos no tenían ni un pelo de tontos –contrariamente a lo que actualmente de forma pedante e irrespetuosa se suele considerar-, eran eminentemente prácticos y todo lo que hacía tenía una utilidad práctica también. Si se usaban resinas como el incienso (Boswelia carterii) en nuestra cultura y en Oriente Medio o el copal (Bursera copallifera) en Mesoamérica, era por un propósito muy definido y por una eficacia muy superior a la de otras plantas para esos objetivos buscados: conectar con la divinidad y complacerla. Si nos permitimos experimentar (en lugar de leer y juzgar sin haber olido y menos sentido un aceite esencial, como hacen muchas personas) por ejemplo, el efecto de estas dos resinas en un contexto de trascendencia y espiritualidad humanas, comparándolos con el efecto de otras sustancias aromáticas, comprenderemos el porqué se usan tanto.

Me gusta mucho visualizar una columna de humo de una barra de quemar (mal llamada “incienso”, el incienso es un árbol y su resina es la que se quema, no todas las barritas llevan esa resina y casi ninguna es totalmente natural en la actualidad). El humo (“perfume” viene del latín “per fummum “que significa “a través del humo”) y como ese humo denso, al principio, se va haciendo cada vez más sutil a medida que sus moléculas se van separando y disolviendo en la atmósfera hasta desaparecer. Hace unos segundos tenía una sustancia material, dura, aromática, mesurable, en cuanto le prendo fuego, se transforma en una sustancia mucho más sutil, mucho más aromática e invisible. Lo material y visible, pasa al reino de lo inmaterial e invisible. La materia en este caso, ayuda a transportar al reino de lo inmaterial nuestra conciencia de las cosas. Por eso ciertos aromas nos transportan o nos ayudan a entrar en estados de meditación o de conciencia expandida.

Un aceite esencial es exactamente igual, pero mucho más especial. Los aceites esenciales son sustancias con una composición química muy compleja y potente y propiedades físicas mesurables. Es decir, tienen una composición material sobresaliente, no son diluciones homeopáticas al estilo de las Flores de Bach –aunque en algunos ámbitos confunden Terapia Floral y Aromaterapia, no es lo mismo-. Esa composición química sobresaliente, de moléculas aromáticas con propiedades farmacológicas demostrables, sin embargo, también es muy susceptible de realizar el viaje de lo material a lo inmaterial, de la Tierra al Cielo, si se me permite la expresión un poco poética, de una forma mucho más rápida y dramática que las plantas y barritas que se queman. Sin necesidad de fuego alguno, simplemente abriendo la botellita que los contienen, comienzan a evaporarse (son muy volátiles) y de esa manera tan rápida, penetran en nuestras fosas nasales y actúan en zonas del cerebro que tienen que ver con emociones, recuerdos y cuestiones ligadas a la supervivencia (reproducción-atracción sexual, activación frente a peligros –ataque o huída-, alimentación –correcto o tóxico-, etc.) Esto desde el punto de vista más material. Pero desde el punto de vista más sutil, realmente conectan con zonas del cerebro que tienen que ver con la trascendencia (qué soy, quién soy, de donde vengo, adonde voy, qué sentido tiene la vida, qué lugar tengo en este Universo, etc.). Esto tiene todo que ver con la espiritualidad, ya que la espiritualidad no deja de ser una visión de la realidad de niveles energéticos más allá de los sentidos físicos.

El aceite esencial pasa de lo material a lo inmaterial, de lo burdo a lo sutil, pero si nos fijamos es la misma sustancia en diferentes estados. Por eso, permite que nuestra conciencia de lo que somos, cuando está instalada en lo burdo y limitado, se pueda mover hacia lo sutil, ligero y amplio, lo ilimitado. Sin embargo, si nos fijamos también, es la misma conciencia en diferentes estados…

Para las personas que tengan problemas con la espiritualidad y la religión, tal vez un lenguaje más moderno que tenga que ver con la energía y sus diferentes manifestaciones y estados, pueda resultar más asequible y comprensible. El fondo del mensaje es el mismo, la terminología empleada diferente.

El circuito olfativo (olor-nariz-cerebro)

Hasta donde sabemos en estos momentos (como dije antes, el olfato es un sentido muy poco conocido), el olfato parece comportarse como un sentido químico. De hecho, según los conocimientos actuales, fue el primer sentido, el primer sensor empleado por los primeros organismos vivos para relacionarse con el entorno. Sería entonces el sentido más primitivo, el sentido por excelencia, que ha sido relegado al último lugar por nuestra sociedad que da la espalda a la Madre Naturaleza.

Cuando las moléculas de una sustancia aromática se volatilizan, se evaporan, y se ponen en contacto con la mucosa olfativa, que engloba las terminaciones del nervio olfativo, produciéndose una sensación olfativa, una percepción de una señal exterior (a veces increíblemente diluida a pesar de nuestro olfato muy poco desarrollado en comparación con el de los animales) que a través del nervio olfativo pasa hacia aquella parte del cerebro humano llamada “cerebro de reptil” o “reptiliano”, según esta teoría evolutiva, el primero que se desarrolló y que controla la parte instintiva de la vida y los comportamientos ligados a la supervivencia. Las reacciones que se producen carecen de consciencia, carecen de emoción. Está en la base del cráneo, la componen la formación reticular o reticulada, que mantiene el nivel de vigilancia, el cuerpo estriado que controla la defensa del territorio y la actitud dominante y el hipotálamo, la región del cerebro más importante para la coordinación de conductas esenciales, vinculadas al mantenimiento de la especie como la alimentación, ingesta de líquidos, apareamiento y agresión. Si hay algo particularmente común y universal en el uso de aromas por parte del ser humano es aquello que tiene que ver con la seducción, la atracción sexual y la reproducción, en ello se basa prácticamente todo el enfoque de la perfumería moderna que mueve miles de millones de dólares anualmente en todo el mundo. Pero también hay aromas que nos hacen estar más atentos y concentrados (limón, menta piperita, etc.) y que usamos desde la Psicoaromaterapia, por ejemplo, para mejorar la retentiva, la memoria y el rendimiento intelectual o escolar de forma inocua y sin efectos secundarios para la salud de quienes los respiran.

La siguiente zona del cerebro, conocida como “sistema límbico”, regula todo lo que tiene que ver con las emociones y el placer. Nos permite adaptarnos mejor al medio y crear vínculos y sinergias con los demás (a diferencia de los reptiles, mucho más individualistas) y está compuesto por el hipocampo, lugar desde donde se administra la memoria afectiva, la amígdala –emociones, puntos de referencia-, el septum –afectividad y sexualidad- y los cuerpos mamilares –comportamiento parental-.

En efecto, hay olores que nos conectan con recuerdos ligados a emociones y sentimientos de amor, de alegría (o lo contrario), olores que nos abren la compasión y el instinto maternal y paternal (el olor de un bebé, aunque no sea el tuyo) y olores que nos activan tanto el deseo sexual como las ganas de contacto y afectividad (el mejor suele ser el de la persona amada, o si alguien despierta profundamente ese deseo en otra persona a través de su olor, es porque hay una afinidad química que tiene que ver también con otras afinidades y que se “capta” a través del olfato).

En este sentido, yo no estoy de acuerdo con las vulgarizaciones y generalizaciones sobre “aceites esenciales afrodisíacos” y demás, ya que no para todo el mundo el mismo aroma tiene dicho efecto, como he podido constatar en muchos años dando clases de aromaterapia a personas muy variadas. Las cosas no son tan simples como dicen algunos libros: el Ylang-Ylang no es afrodisíaco para todo el mundo. Sin embargo, si es muy fácilmente observable lo que despiertan en la mayor parte de las personas los aromas naturales de vainilla y canela.

La última zona del cerebro (córtex o neocórtex) es la más moderna y relacionada con el razonamiento, el lenguaje, lectura, lógica, etc. Todas las señales exteriores recogidas por los sentidos, se dirigen hacia el neocórtex hacia la consciencia, el análisis la localización y la integración de dicha información, de una u otra manera. Esa información se compara con la del sistema límbico (beneficio/perjuicio, placer/dolor). Después, la información acaba en el cerebro reptiliano, en el hipotálamo que dará la orden de actuar: huída, ataque, defensa, alimentación, reproducción, etc.

De todas las informaciones que llegan al cerebro desde los sentidos, sólo el olfato y los olores tienen el poder de entrar directamente y sin filtro ni control alguno en el sistema límbico. Los olores actúan incluso antes de ser percibidos conscientemente. Este punto ha sido aprovechado comercialmente para perfumar subliminalmente (es decir, por debajo del umbral de percepción consciente) productos que quieren venderse. Las personas, inconscientemente, elegimos mayoritariamente aquellos productos que están perfumados, aunque no nos huelan a nada conscientemente, en el lineal de un supermercado. Para los aromaterapeutas y psicoaromaterapeutas, esto supone una agresión, una invasión y un abuso, pero es una práctica comercial perfectamente legal.

En cuanto a las implicaciones y aplicaciones prácticas de el funcionamiento de los aromas naturales en nuestro cerebro y conducta, pequeñas diluciones de aceites esenciales escogidos personalmente y bien seleccionados para la persona que los necesita en ese momento concreto de su proceso personal, pueden proporcionar beneficios y soporte emocional muy importantes con una sencillez y economía sorprendentes.

No todo lo que huele es Aromaterapia ni sirve para la Psicoaromaterapia

Siempre me gusta hacer notar este punto, para distanciar nuestra práctica de otras formas de trabajar con aromas.

En el contexto de la Aromaterapia y la Psicoaromaterapia, únicamente trabajamos con aceites esenciales y extractos aromáticos (absolutos, extractos al CO2, incluso plantas frescas) absolutamente naturales y auténticos. “Auténtico” significa que dicho aroma no tiene ninguna mezcla de sustancias artificiales u otras sustancias naturales, que es tal cual nos da la planta y que no ha sido modificado o alterado artificialmente por la mano humana. Así nos desmarcamos del uso de cualquier tipo de aroma artificial, esencias reconstituidas, esencias típicas de las industrias de la perfumería, la cosmética, la alimentación o la ambientación, que suelen ser extremadamente perjudiciales para la salud humana y desde luego, no tienen el equilibrio y finura energética de las esencias que produce el reino vegetal. Las peores, sin duda alguna, las que se manejan en el ámbito de la ambientación y detergencia, extremadamente agresivas químicamente y muy baratas, por lo que se emplean masivamente en productos de gran consumo y son una tentación para todas aquellas empresas sin escrúpulos que mal usan el término “aromaterapia”.

Por desgracia, y especialmente en nuestro país y en Latinoamérica, mi experiencia me ha demostrado que la mayoría de empresas y esencias que se usan con el barniz de “aromaterapia”, no llegan al nivel mínimo exigido por cualquier profesional bien formado e informado. Hay muchísimas adulteraciones, muchísimas esencias reconstituidas, adulteradas, rectificadas, etc., que no encajan en los parámetros de exigencia que tenemos los aromatólogos y aromaterapeutas serios.

Si se quieren conseguir los mejores resultados en Psicoaromaterapia, hay que ser conscientes de la importancia capital que tiene una calidad excelente, que supone como mínimo los siguientes puntos:

1) Correcta denominación botánica del aceite esencial empleado, y quimiotipo si procede (no todas las plantas producen quimiotipos al ser destiladas, contrariamente a lo que dicen algunas casas que han prostituido el sentido original del término simplemente para vender más).

2) Correcta extracción, cada planta necesita un tiempo mínimo de destilación para extraer todos los principios necesarios para que sea equilibrado, un aceite esencial mal destilado está desequilibrado, es indiferente si tiene un aval ecológico o no y por lo tanto no nos va a dar el beneficio óptimo que podría.

3) Correcto envasado y manipulación: cuando hablamos de información y energía, cómo se trate, almacene, procese tiene máxima importancia, esto no se determina con análisis físico-químicos.

Es importante trabajar con máximas calidades que sólo pueden proporcionar empresas especializadas y con suficiente preparación técnica y conocimiento de los aceites esenciales, mucha gente vende, pocas conocen suficientemente para garantizar esas calidades.

Empleo correcto de los aceites esenciales

Desde mi punto de vista, hay una gran diferencia entre “oler” y “sentir”. A mí me gusta trabajar la Psicoaromaterapia desde lo segundo. No me interesa hacer “concursos” ni en mis clases ni en mis terapias, no busco que la persona se sienta orgullosa de haber reconocido (etiquetado con un nombre) un aceite esencial. De hecho, es un impedimento para que le ayude en su proceso. Lo importante es lo que te hace sentir el aceite, qué te dice, dónde llega en tu cuerpo, mente y emociones. Para ello, a veces, la etiqueta nos confunde y sirve de poco (¿es limón, naranja o bergamota?).

Sentir entonces el aceite esencial es tan sencillo como abrir la botella y aspirar unas pocas moléculas o tan complejo como realizar una mezcla sofisticada y aplicarla en algún tipo de mecanismo de difusión, simple o sofisticado, pasando por aplicarlo sobre la piel o en el caso de la Aromaterapia clínica, ingerirlo.

En Psicoaromaterapia, el énfasis principal suele hacerse a través de diferentes técnicas y procedimientos de olfacción. Adecuadamente aplicados, los aceites esenciales nos sirven tanto para solucionar problemas físicos como mejorar estados emocionales, moderar respuestas automáticas desproporcionadas, transformar nuestros defectos y potenciar nuestras virtudes, acompañar a cualquier tipo de tratamiento, terapia y psicoterapia (apoyándolos) o mejorar nuestro sistema inmunológico. Por supuesto, también para hacernos sentir mucho mejor, porque si conseguimos un tipo de aroma o mezclas de aromas que nos gusten mucho, su presencia durante todo el día (a modo de perfume o agua de tocador, de “spray” en difusión ambiental) es tan importante como escuchar una bonita canción que nos cambia el estado de ánimo y nos arregla un día gris y pesado.

No hay una sola manera de entender y practicar ni la Aromaterapia ni la Psicoaromaterapia, digamos que hay estilos diferentes y que nadie tiene “la verdad absoluta” porque los resultados están muy matizados por las experiencias personales individuales.

¿Cómo podemos escoger el aceite que necesitamos en este momento de nuestro proceso personal?

Hay personas y profesionales que lo hacen con técnicas como la kinesiología o la radiestesia (uso del péndulo). Otras, prefieren memorizar propiedades e intentar aplicarlas a cada caso. Este segundo sistema, en Psicoaromaterapia, es especialmente limitado, no se tienen en cuenta las particularidades personales del cliente, no se pueden saber, nadie tiene dicho conocimiento de forma racional. Como dije antes, los aceites esenciales no son medicamentos: ansiolíticos, antidepresivos, euforizantes, etc. Por lo tanto, yo no trabajo así. Busco que sea el cliente quien decida y sienta que aceite o aceites son los que precisa aquí y ahora para aquello que le preocupa.

Considero que el trabajo del psicoaromaterapeuta (desde mi visión) sólo es servir de puente entre el cliente y los aceites esenciales y que la sanación sólo tiene lugar cuando hay una implicación total del cliente en el proceso. Y también, que cada profesional tiene su estilo propio de trabajo, que tiene que estar marcado simplemente por un criterio: efectividad.

Emociones y aceites esenciales

Es importante, para empezar, recordar siempre que una de las fortalezas de la Aromaterapia es su potente actividad anti estrés, y que la enfermedad por excelencia de estos tiempos, origen y foco de muchas otras, es… ¡bingo! : el estrés.

Especialmente eficaz cuando se aplica en masaje y en baños relajantes, un amplio abanico de ellos cumple esta importante función, siendo matizada por el gusto personal. Famosos son la lavanda, la mejorana dulce, el petit-grain mandarino… pero no hay que descartar nunca otros que a la persona, en concreto, le produzcan placer y satisfacción, bienestar y alivio, por lo que a veces encontramos que aceites esenciales teóricamente “estimulantes” –como el romero-, resultan relajadores para ciertas personas.

Amor-cólera-enfado-alegría-sorpresa-tristeza-miedo, emociones humanas al fin y al cabo y que pueden modularse de diferentes maneras, la Aromaterapia y la Psicoaromaterapia, una de ellas, no un milagro ni tampoco un fraude, en la medida de las posibilidades y encajes personales, asombrosa.

Algunos aceites esenciales importantes y destacables en Psicoaromaterapia y sus palabras clave:

Albahaca (Ocinum basilicum L. ssp. basilicum): Protección, fortaleza.
Benjuí (Styrax benzoin): Consuelo, confort.
Bergamota (Citrus bergamia): Energía solar.
Canela corteza (Cinnamomum zeylanicum): Coraje, fuego.
Cedro Atlas (Cedrus atlántica): La fuerza de la línea paterna.
Ciprés (Cupressus sempervirens): Flexibilidad, movimiento.
Jara (Cistus ladaniferus): Trauma, cambio.
Inmortal/Siempreviva (Helychrysum italicum ssp. serotinum): Regeneración, impulso.
Jazmín absoluto (Jasminum grandiflorum): Tranquilidad, feminidad.
Neroli/azahar (Citrus aurantium ssp. aurantium): Paz, pureza.
Naranja dulce (Citrus sinensis L.): Alegría, niñez.
Romero (Rosmarinus officinalis L.): Energía, acción.
Rosa de Damasco (Rosa damascena): Amor, compasión.
Ylang-Ylang Extra/Totum (Cananga odorata): Vida, voluptuosidad.

Licencia Safe Creative

©Psicoaromaterapia en la cabina de estética.

Propiedad intelectual de Enrique Sanz Bascuñana.

esb@institutoesb.es

Queda prohibida la reproducción total o parcial de la obra a través de cualquier forma o medio sin el permiso previo y por escrito del autor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).

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